¡Yo ya practicaba Mindfulness sin saberlo!

Es posible que una vez te has iniciado o conocido algo de Mindfulness hayas pensado que tú ya lo practicabas antes de conocer este palabro. Pues sí... Mindfulness significa prestar atención de forma intencional. Y eso, los humanos, lo hacemos desde el principio de la humanidad. Quizás has detectado algunas situaciones en que te resulta más sencillo o placentero aplicar la conciencia plena: mientras cuidas de tus plantas, cuando corres junto al mar o si dispones de algún rato en el que puedas estar tumbado sin hacer nada. Además de la práctica formal de meditación, el Mindfulness trata de llevar esta consciencia a todos los momentos de la vida (puedes saber más sobre ello leyendo la entrada “Meditación formal y meditación informal”).


¿Ser o estar Mindfulness? Esa es la cuestión


Teóricamente, la atención plena se ha descrito como un estado o como un rasgo. Por ejemplo, estás en “estado Mindfulness” cuando eres capaz de darte cuenta de las sensaciones de tu cuerpo cuando estás flotando en el agua, con la mente en esas sensaciones y no en otra parte. Y también puede considerarse como un rasgo: una forma de personalidad o manera de concebir y enfrentarse al mundo. Seguro que conoces a alguien capaz de vivir el momento presente a menudo, de fijarse en los pequeños detalles y de no rumiar demasiado sobre el pasado o anticipar el futuro. La típica persona de quien dirías... “es muy Zen”. Lo que está claro es que la atención plena es una capacidad humana universal, así que todos podemos practicar y “ser” un poco más Mindfulness. En eso tratan de incidir los programas de formación e intervención en Mindfulness, en desarrollar o aumentar esta capacidad.


¿Sabías que este rasgo se puede medir?


Existen varias escalas que tratan de evaluarlo: una de las más conocidas es el Cuestionario de Cinco Facetas de Mindfulness (FFMQ, por sus siglas en inglés). Es una escala basada en el análisis factorial de otros instrumentos y discrimina cinco factores diferenciados para el constructo Mindfulness:

  • Observación: es la capacidad de darse cuenta de las experiencias internas y externas, como las sensaciones, percepciones, pensamientos y sentimientos. Por ejemplo, tienes esta capacidad desarrollada si te das cuenta de que, en un momento dado, estás perdiendo los nervios porque en realidad tienes hambre, o si paseas por la calle y percibes con claridad la sinfonía de sonidos que te rodea. En cambio, tienes menos capacidad de observación si tiendes a no distinguir cuál es tu estado interno, o si en general los estímulos que te rodean te pasan desapercibidos.

  • Descripción: se trata de la facilidad para etiquetar las experiencias internas con palabras. Tienes esta capacidad desarrollada si eres capaz de poner en palabras tus emociones, los pensamientos de tu cabeza o las sensaciones de tu cuerpo, de manera que tú y los demás las podéis entender con claridad. En cambio, si notas que en general te cuesta expresar tu estado, puede que tengas esta faceta menos desarrollada.

  • Actuar con consciencia: incluye la asistencia a las propias actividades del momento, sin comportarse mecánicamente mientras la mente está en otro lugar (en piloto automático). Por ejemplo, si cuando aparcas el coche te sorprendes de haber llegado vivo al destino porque no te has dado cuenta ni siquiera de por dónde has estado conduciendo, eso es que has ido en piloto automático y no has actuado con consciencia. Si, por el contrario, mientras paseas camino a casa te das cuenta de un nuevo comercio que ha abierto, o de cómo las hojas de los árboles han cambiado de color con el otoño, es que has realizado tu paseo con mayor consciencia.

  • Ausencia de juicio: esta es la capacidad de adoptar una postura no evaluativa hacia pensamientos y sentimientos. Quizás te has encontrado a menudo criticando y juzgando lo que te pasa, especialmente lo que sientes o piensas: entonces la ausencia de juicio es una faceta del Mindfulness que todavía puedes desarrollar. Practicando meditación se afianza la tendencia a distanciarse de los eventos internos siendo menos crítico con ellos y aceptándolos tal cual son.

  • Ausencia de reactividad: ligada con la anterior, esta faceta contempla el no reaccionar ante la experiencia interna, permitiendo que los pensamientos y sentimientos fluyan, sin quedarse atrapado o dejarse llevar por ellos. ¿Le das vueltas y vueltas a un pequeño conflicto que has tenido en el trabajo? ¿Dices cosas de las que te arrepientes cuando te has enfadado por contestar impulsivamente? Puedes disminuir tu reactividad a través de la práctica de Mindfulness, agrandando el espacio que existe entre tus emociones y tu reacción a las mismas, de manera que puedas responder de forma más sabia.

Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. En este espacio se encuentra nuestro poder de elegir nuestra respuesta. En nuestra respuesta están nuestro crecimiento y nuestra libertad. Viktor Frankl

Ahora que ya conoces cómo puede desgranarse este “rasgo” de tí mismo, quizá te interese explorar un poco más respondiendo a la escala. La puedes encontrar, junto con las instrucciones para la corrección, en el siguiente enlace: https://www.researchgate.net/publication/260282574_Cuestionario_Five_Facets_of_Mindfulness_questionnaire_FFMQ