Mindfulness y la liberación del “modo examen”

Los exámenes no acabaron, en mi caso, ni con la “Selec”, ni con el carnet de conducir, ni con la carrera. A menudo vivimos la vida como si fuera un examen; y es curioso como esta tendencia aparece en todas las facetas de la existencia. En el trabajo y en los estudios, por supuesto. Cuando frío un huevo, también. Si participo en una conversación distendida con algún amigo, me digo: “le habré ofendido”. Junto a otras “mamis”: "SUSPENDIDA!, SUSPENDIDA! Y SUSPENDIDA!" Sé que a otras personas les pasa algo parecido: recuerdo que una amiga me explicaba hace tiempo una imagen mental que acudía a su cabeza tras haber mantenido relaciones sexuales: levantando brazos y estirando puntas, una serie de jueces alzaban carteles con la nota final de su ejecución: 9.2, 9.8, 9.7 (locutaba su mente en un inglés robótico). ¿Te pasa algo parecido?


Ponerle nombre a ese juez

Durante muchos años creía a pies juntillas las notas que me ponía esta voz crítica. Además de la valoración final del rendimiento, solía ir haciendo comentarios mientras desarrollo las tareas de mi vida. A pesar de mis esfuerzos, mi rendimiento acababa teniendo un resultado mediocre, aprobado por los pelos y casi siempre con bastantes peros. Me resultó de gran ayuda realizar un ejercicio propuesto por un libro de crecimiento personal, en el que debía observar durante un tiempo a esa voz autocrítica, identificar qué aspecto tenía (si de hombre o de mujer, amenazadora, condescendiente o burlona, si se parecía a la voz de alguien conocido...), ponerle un nombre y, finalmente, dibujar el personaje dueño de ese discurso. En mi caso la imagen se reveló como la “señorita Rottenmeyer”, la estricta institutriz de la serie de dibujos de mi infancia “Heidi”. Poner distancia con esa voz me permitió empezar a ver que los pensamientos de mi mente no tienen por qué corresponderse al 100% con la realidad y que, además de esa estricta profesora, había otros “personajes” en mi cabeza capaces de elaborar discursos sobre la vida algo distintos.


Abrazar al propio juez

Pero fue gracias al Mindfulness que pude darme cuenta de otros detalles importantes de la forma en que funciona la mente. Pude ver que mis intentos de deshacerme de mi Rottenmeyer iban a ser infructíferos, dado que la mente produce pensamientos porque es su función. Y que el simple hecho de detectarlos, observarlos y no aferrarse a ellos conlleva mucha más paz que tratar de controlarlos o modificarlos. También me di cuenta de que ese juez interno quizá también ha tenido un papel importante y positivo en la vida, avisándome de los peligros, animándome a poner empeño en todo aquello que hago y previniéndome de la desidia y la desgana. Sigo trabajando gracias al Mindfulness en ser compasiva con este personaje: en lugar de odiarlo o ignorarlo, me imagino abrazando a la señorita. Durante un retiro en silencio la reté a cambiar su traje largo y negro por un chándal de color claro y le propuse relajarse y disfrutar del día sin tener que llegar a ningún sitio. Fue divertido verla desorientada y fuera de su papel... al final se le escapaba la risa por debajo de la nariz y creo que aprendió algo de mí.


Nuestros pensamientos y emociones son parte de nosotros, aunque a veces nos resulten molestos o incómodos. Puede ser útil observar cuáles son nuestros patrones para detectar de dónde viene el malestar o sufrimiento. El primer paso para mejorar la convivencia con ellos es el ser consciente.