¡Lo que hay que oir! (o tres mitos sobre el Mindfulness)

Hace unos años que el mindfulness se ha popularizado, y ha empezado a aplicarse a múltiples entornos. Esto es una suerte, porque las personas que practicamos la atención plena vemos efectos no solo sobre nuestra salud mental, sino también sobre nuestro estado físico y sobre la calidad de nuestras relaciones. Así que cuanta más gente practique, mejor será nuestra sociedad. Pero esta oleada de mindfulness ha conllevado también a cierta banalización del término, generando en muchas personas ideas equivocadas sobre lo que significa. A continuación os detallo algunas frases que me han dicho que, aunque no tienen mala intención, reflejan 3 de los mitos extendidos sobre el tema. Os pueden ayudar a entender mejor qué es y qué no es el mindfulness.

Yo no puedo meditar ni nada de eso, soy demasiado nerviosa”

Se tiende a pensar que el Mindfulness es una técnica de relajación y, muchas de las personas que han intentado utilizar técnicas de ese tipo han visto frustradas sus expectitivas o, incluso, exacervada su tendencia a la rumiación y a la ansiedad. Nuestra mente es bastante rebelde y, cuando le pides que haga algo, muchas veces hace lo contrario... Se suele poner el ejemplo de que si le pides a tu mente que NO piense en un elefante rosa, lo más probable es que no puedas sacarte el dichoso animal de la cabeza. Del mismo modo, ya le puedes pedir a tu mente que se relaje que, por más esfuerzo y diligencia que pongas, el resultado será probablemente el contrario. Con mindfulness lo que se desarrolla es la capacidad de atender a lo que pasa en cada momento, con aceptación y disminuyendo nuestra tendencia al juicio. De este modo, podemos observar a nuestra mente agitada con cierta distancia: sin tratar de modificar nada, simplemente observando con amabilidad qué sucede en nuestra cabeza. ¡Y es más! Seremos capaces de observar también nuestra mente cuando NO va a mil (esos momentos nos suelen pasar desapercibidos) y, poco a poco, ir desmontando esa etiqueta “soy demasiado nerviosa” que es estática y desvaloradora.

Uff... ¿dejar la mente en blanco? Yo no puedo”

Parece ser que tenemos unos 6.200 pensamientos al día de media por persona. Nuestro cerebro se dedica precisamente (y por suerte) a eso, a pensar. ¿Quién querría que dejara de hacerlo? Sería como pedirle a nuestros riñones que dejaran de filtrar, o a nuestro corazón que dejara de bombear sangre. Lo que hacemos cuando prestamos atención al contenido de nuestra mente es darnos cuenta de esa producción de pensamientos, que muchas veces se produce a borbotones, encadenando temas sin sentido alguno. Es fantástico que podamos planificar, organizar y resolver, capacidades que nos sirven para dirigir muchas tareas y actividades de nuestra vida. Pero no todas. A lo que nos ayuda desarrollar nuestra figura de observador imparcial es a ver cómo estos pensamientos no siempre reflejan la realidad al 100%. Son solamente ideas, palabras o imágenes, pero no tienen por qué ser “LA VERDAD”.


Como practicas Mindfulness, no te importará que llegue tarde, ¿no? (guiño, guiño)”

¡Pues nada más lejos de la realidad! Prestar atención no significa desarrollar indiferencia o que nuestras emociones vayan a desaparecer. Lo que sí es posible es que, si llegas tarde, sea consciente de que me molesta y por qué, sea consciente de los pensamientos asociados a mi enfado, así como de las sensaciones físicas que me produce mientras te espero... y probablemente disponga de un tiempo para decidir cómo quiero responder a la situación. Así, es más probable que sea capaz de explicarte lo que me pasa cuando llegues, y de deshacerme también de mi enfado cuando me pidas disculpas. De no practicar mindfulness, probablemente reaccione de forma impulsiva, quizás exagerada, quizás enganchándome al hecho de tu tardanza, o quizás de forma pasivo-agresiva, diciendo que “no me pasa nada” pero comportándome hacia tí de forma veladamente hostil.


Pero al igual que a nadar se aprende nadando, a meditar se aprende meditando. Puedes leer muchos libros sobre técnica de natación, pero será difícil que te hagas una idea de lo que es sentir el agua en tu piel hasta que no te metas a la piscina. Para conocer algo sobre lo que significa y los efectos del mindfulness, ¡no hay nada mejor que empezar a practicarlo! No dudes en inscribirte a la sesión de meditación de invierno gratuita en el siguiente enlace:


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